martes, 24 de marzo de 2015

viernes, 27 de febrero de 2015

RELATIVIZAR EL CONOCIMIENTO AUTONOMO





                RELATIVIZAR EL CONOCIMIENTO AUTONOMO

El hombre concreto, individual, está biológicamente capacitado por su evolución hasta cualquier momento de su presente, para desarrollar tareas y alcanzar conocimiento acorde a su circunstancia  
Pero ahora nos gustaría retroceder idealmente en pormenorizar y analizar estas propiedades.  
Imaginemos un individuo ya adulto, pero que no haya tenido contacto, ni desde su infancia, con ser humano alguno. Ha sido alimentado automáticamente y está recluido en una pieza bastante amplia que le permite ejercitarse físicamente pero sus cuatro paredes no permiten vislumbrar ningún mundo exterior. La oscuridad y una tenue iluminación indirecta se alternan indiscriminadamente. Este ser absolutamente imaginario ya pertenece a nuestra especie y por lo tanto está evolucionado biológicamente al igual que cualquier ser de su tiempo. Este ser hipotético lo desconoce todo, no tiene lenguaje, su pensamiento es inarticulado, no sabe si existen otros seres como él. La  nada y el vacío más absoluto.
Esta podría ser una metáfora hiperbólica de cualquier miembro de nuestra especie. El hombre es socializado desde su mismo alumbramiento. Como ser absolutamente individual no es más que el que hemos pseudo-robotizado anteriormente.

Incluso sus propios sentidos, (vista, oído, tacto…)  caso de salir de su agujero y enfrentarse al mundo, no le valdrían para el conocimiento del mundo sin la correspondiente ayuda externa. Sin apoyo de lenguaje ni la mímesis indicativa de otros seres, la sola contemplación del mundo exterior es un puro reflejo especular. Este hombre absorbe el mundo exterior pero no puede razonarlo, no puede interpretarlo.
La socialización empieza por el contacto humano, por el lenguaje, por la articulación progresiva de lenguaje y conceptos .El ser humano actual está evolucionado hasta el punto alcanzado y tiene potencia y capacidad de absorber toda la cultura disponible, dependiendo claro está, de dos factores limitantes: el primero será la dotación genética de la que sea portador, y el segundo será el doble azar de situar a cada individuo en un contexto espacio-temporal concreto, en unas circunstancias sociales y económicas determinadas y también que un azar más particular sitúe a una persona individual en situaciones más o menos favorables.
De lo dicho hasta aquí podríamos deducir que la socialización, las circunstancias externas al hombre en su más amplio sentido,  será la mochila que el hombre llevará como si fuera su segunda piel. Es así que el hombre desnudo sería inviable sin ésta socialización absoluta. Las potencialidades innatas del hombre se manifestarán en todos los órdenes de la vida práctica una vez alcanzada la situación que el azar le haya reservado. El ser humano ya situado en el lugar que la fortuna le ha reservado pasa a ser, a su vez, parte de las circunstancias de todos los demás individuos de su entorno.
Otro aspecto importante que podemos destacar es que cada individuo captará de su entorno una cantidad suficiente de socialización objetivada que normalmente le permitirá sobrevivir en su circunstancia específica. Cuanto más compleja sea la sociedad en que desenvuelva su vida, mayor y más compleja será también la atribución que cada individuo pueda captar. Nunca un individuo concreto podrá hacerse con la totalidad de posibilidades de su entorno, pero sí que en determinadas circunstancias especiales sobrepasará el conocimiento o el estado de alguna materia, de algún aspecto general, colaborando a engrandecer así la totalidad del cuerpo social.
En definitiva, el individuo solo, desnudo, desvalido, no podría extraer conocimiento del mundo. Sólo podría reflejar su epidermis. La socialización desarrolla la potencia que le es innata y la misma complejidad de la sociedad global le permite en circunstancias favorables y mediante su propio factor de libertad individual desarrollar su personalidad de forma que su acción sirva a su integración en el grupo social.



23-2-15










 


viernes, 30 de enero de 2015

NATURALEZA Y CONOCIMIENTO

                            
                           
                            NATURALEZA Y CONOCIMIENTO
                            UN VIAJE DE IDA Y VUELTA

La relación y visión desnuda que el hombre ha tenido siempre de la Naturaleza ha sido siempre de aceptación de un mundo dado, ha sido siempre un observador de una realidad tangible. Hemos sido siempre testigos de un mundo ajeno a nosotros mismos pero que nos ha acogido y ha hecho posible nuestra vida y continuidad. Ha sido y es algo real tal y como la hemos observado. Nuestra manipulación más primitiva y ancestral es la de aprovecharnos de sus frutos, de lo que nos ofrece, para nuestra propia supervivencia. Ese ha sido y es nuestro mundo más radical. Esa imagen primitiva, es prácticamente de la misma clase, de la misma especie que pueden tener los seres vivos autónomos y que de alguna manera precisan de una imagen del mundo para su supervivencia. Esta imagen que el hombre tiene del mundo natural le acompañará toda la vida; para el hombre la naturaleza permanece siempre fiel a sí misma.
Pero esta imagen que el hombre pueda tener de la naturaleza no responde a toda la realidad posible. La misma condición racionalizadora humana, el contacto continuo con los demás miembros de la especie y los artilugios que la humanidad desarrolla continuamente desvirtúan la transparencia de una naturaleza que permanece detrás de todo este mundo artificial. La socialización del hombre ya desde su temprana edad diluye el efecto natural en instrumentos y costumbres mixtificados.    
La mera observación de la naturaleza, desvinculada de las aportaciones intelectuales y cognitivas del entorno de la sociedad humana es testimonial, no aporta en sí misma conocimiento objetivo alguno. Es observar una realidad ajena a nosotros tal y como se nos presenta.
La visión que el hombre tiene de la aparente realidad del mundo es la interpretación que por su propio conocimiento racional-evolucionado y aportación de la socialización de que es objeto. Lo que el hombre observa es la transformación de una parte de la naturaleza y de un mundo expresamente creado para el tipo de sociedad de la que él forma parte. El hombre adquiere conciencia-conocimiento del mundo tal como lo interioriza, tal como él lo ve y lo siente. Este es su mundo real. La forma en que ve a este su mundo es la misma que plasmaba su imagen de la naturaleza, pero ahora lo interioriza de forma distinta. La interpretación es un añadido cultural. El mundo real sigue estando ahí y él lo ve dual en su forma exterior y en su interiorización cultural.
La mirada escueta de la Naturaleza no produce conocimiento. La aplicación de racionalidad, de ciencia, la tecnología más variada y profunda produce conocimiento, conocimiento analógico, relativo, aunque nunca es conocimiento definitivo, siempre se escapa la última razón de ser. El mundo tangible, al que nosotros podamos acceder directa o indirectamente, siempre nos presentará barreras imposibles de superar, siempre habrá un más allá fuera de nuestras posibilidades de alcance.
Sin embargo siempre existe la posibilidad de retornar al pasado más ancestral, siempre se puede ver la naturaleza de una forma primitiva. No hace falta comprender nada, sólo verla, captarla tal cual es y tal cual se nos presenta, simple y desnuda. Acercarnos al mundo, a la cosa, acercarnos al ente, a nuestro propio ente.
De un enfoque estrictamente naturalista no se puede derivar ninguna conclusión trascendente. La mirada ingenua no produce conocimiento objetivo. Sin embargo la mirada prístina del objeto natural del mundo, además de ser la mirada del sentido común, es la de la mayor parte de la humanidad, es la de la mayoría de los individuos que han sido y son, y de los que nacen y mueren sin saber más de lo que ven. Es la relación directa del hombre con el mundo
Volver a mirar la naturaleza directamente, sin prejuicios, que los objetos se nos presenten desnudos. Percibir la esencia de la cosa, salir a su encuentro y encontrarse de repente ante sí mismo. Retornar a nuestro propio ente, como un objeto más de la naturaleza. Abandonar añadidos socio-culturales y fijar la mirada pura, mística o poética en las cosas en sí mismas, sin adiciones.  
Esta orientación mística de la vida es la que escogieron culturas orientales en los principios de sus civilizaciones, al contrario de occidente que claramente se decantó por una racionalidad tecnológica como forma de vida. En nuestras sociedades globalizadas es difícil encontrar parcelas que no estén contaminadas de los avances tecnológicos. Quizá hay reductos en oriente que pueden considerarse aún lo más cercano a estos puntos de vista más místicos y de ensimismamiento.También en occidente pueden encontrarse individualidades y grupos de trabajo y estudio que propugnan un acercamiento a visiones del mundo que fijan su atención a las esencias, pero en estos círculos occidentales estos rasgos son ejercidos temporalmente e incluso son considerados como compensatorios terapéuticos de unos ritmos de vida demasiado estresantes.



30-1-2015

lunes, 12 de enero de 2015

EL HOMBRE, REFLEJO DE SU MUNDO

            

                         EL HOMBRE,  REFLEJO DE SU MUNDO

Analicemos, aunque sea sucintamente, las relaciones que cada sujeto potencialmente cognoscente es capaz de asimilar, de captar, de un mundo exterior y que se le aparece plagado de fenómenos y objetos, ambos en su sentido más amplio. Es así como el hombre concreto asimilará, sabrá de su mundo circundante creándose él una imagen propia de este mundo y adquiriendo conocimiento de este mundo, entendiendo aquí conocimiento como el darse cuenta, percibir, reflejar el mundo material. Así como hacerse eco de lo que le llega a sus sentidos por medio de los códigos lingüísticos, expresiones y sentimientos captados de entre los demás individuos. El mundo físico es captado en su espontaneidad y en su imagen frontal. El mundo del hombre es más complejo y requiere de claves interpretativas. Las puertas de entrada de toda esta información son los sentidos y especialmente la vista y el oído. En este primer estadio no se trata de dilucidar cómo el individuo reelabora la información recibida, la reinterpreta y la compara con razonamientos propios y ajenos extraídos también de los que ha recibido por todos los conductos. Solo se quiere resaltar aquí que el hombre es el ser capaz de reflejar en sí mismo todo lo que el mundo pone a su disposición, él es el reflejo del mundo y tiene el conocimiento (en su sentido más restrictivo) de todo lo que ve y observa, sin distinguir apriorísticamente su validez.
El proceso racional, analítico-hermenéutico se irá produciendo al unísono del propio desarrollo vital en toda su complejidad y el resultado es el sujeto individual, concreto y único.   

12-1-15


domingo, 14 de diciembre de 2014

CÓMO CAPTAMOS EL MUNDO EXTERIOR

                       

                 CÓMO CAPTAMOS EL MUNDO EXTERIOR

Todo ser humano capta, en primera instancia, el mundo exterior por sus sentidos. El mundo exterior se presenta en dos formatos diferentes. En primer lugar el mundo natural, lo que entendemos por naturaleza cercana y que visualmente alcanza también una parte del cosmos más cercano y también más lejano. En segundo lugar, la entidad humana como ser social por naturaleza percibe también por los sentidos el mundo y el medio transformado por su misma mano. Para destacar más la idea que perseguimos ahora, imaginemos que de la primera percepción la de la Naturaleza, no se tiene ningún tipo de conocimiento ni información previa, nuestro cerebro es una tabula rasa, no hay nada inscrito en él ni mecanismo autosuficiente de ayuda, nada. La persona es un espejo, un reflejo, de algo inefable, inexplicable porque no se tienen mecanismos de explicación. El espectáculo puede afectar a los sentidos, puede causar asombro, miedo, puede causar una especie de arrobamiento místico, de incomprensión. ¿Cómo y quién rompe este círculo cerrado? Pues precisamente la observación y la captación, también en principio, por los sentidos de la otra versión del mundo exterior, es decir por la influencia directa de la versión humana del mundo. Si hacemos un esfuerzo de abstracción podríamos decir que hasta aquí todavía estamos en el mundo exterior, el ser humano lo capta todo del exterior, incluso capta del exterior lo que le es propio de su mundo. Y ahora ya podemos entrar en lo que sucede en el interior del ser humano. Las cosas, sucesos y objetos del mundo natural adquieren un sentido por las explicaciones y demostraciones que hemos captado de nuestro entorno humano, lo mismo sucede con la comprensión del propio mundo del hombre en cuanto a su autoconocimiento.
Lo que sucede a continuación es completamente circunstancial. Las características de la persona, su implantación en circunstancias naturales, históricas, sociales, etc. modelarán un tipo de personalidad acorde a todas esas circunstancias.
La persona puede recibir información, influencia, educación, a veces de signos contradictorios, lo que estimula su propia regulación intelectual. Ahora ya no es sólo la información recibida desde el exterior sino que ésta puede ser transformada significativamente y puesta en circulación como algo novedoso. Así es como se genera el cambio y se transforma y progresa la sociedad humana.



9-12-14

domingo, 16 de noviembre de 2014

SURGENCIA DE LA DUALIDAD HUMANA

                       
               SURGENCIA DE LA DUALIDAD HUMANA

El instinto natural de todas las especies vivas es asegurarse su supervivencia. Este es el objetivo máximo de todas y cada una de las especies. Este objetivo es inercial, no es buscado conscientemente, ni aún por especies con cierto grado de autonomía y decisión.
Esta una cuestión que remite a la vida primigenia, al propio acto de irrupción de la naturaleza, de la vida, y que se mantiene dadas las condiciones que la hacen posible.
La especie humana tiene y participa exactamente de los mismos objetivos que todos los tipos de vida conocidos. Se es consciente de este hecho universal que afecta a todos los seres, incluyéndose a sí mismos, la fuerza subterránea de la Naturaleza actúa en la especie humana de forma espontánea y automática.
Todas las entidades vivas participan de los mismos principios fundacionales y ni la Naturaleza en su sentido más general ni los seres vivos que la habitan están fijados para siempre en sus condiciones iniciales, todo este conjunto natural está sujeto a cambio, evolución y transformación continuos.
La Naturaleza viva se proyecta hacia la supervivencia como totalidad. La especie humana se proyecta hacia la supervivencia como entidad separada. La Humanidad como entidad separada está englobada en una entidad superior que es la Naturaleza viva y en sí misma no tiene consciencia de sí, esta consciencia la pueden tener sus miembros constituyentes. El hombre puede asumir conscientemente su papel en su especie y en la Naturaleza pero siempre será de forma intelectual e intuitiva.
El hombre ha desarrollado una conciencia de sí, tiene libre albedrío, y aunque el impulso vital de todos los individuos de la especie tiende a su supervivencia, que en definitiva es la supervivencia de la especie, individualmente puede optar por aminorar, disminuir y aún, en casos extremos, suprimir su impulso vital. Esto es una degeneración natural de su propia participación en la especie de la que forma parte, pero es una decisión sobrevenida, cultural, o una desviación patológica natural.
La vida humana discurre en dos mundos paralelos. El primero, el básico, es el equiparable a cualquiera de los otros seres vivos y más en concreto a los animales superiores que en realidad son nuestros ancestros. Los seres humanos son más conscientes que cualquier otro ser, de su especificidad, pero los instintos básicos están arraigados en su naturaleza y actúan soterradamente aunque no siempre puedan ser identificados ni concienciados expresamente.
El hombre como partícipe universal de su especie tiene también como objetivo fundamental su supervivencia pero por su especial cualidad como ser diferenciado  entre los otros seres vivos conocidos, debe aunar a este objetivo primordial tres características que le son inherentes, al menos en los grados evolutivos alcanzados: el uso de la razón inteligente, la sociabilidad y la ética. Estos tres factores son indisolubles para seguir siendo lo que ha llegado a ser y seguir avanzando armoniosamente como ser altamente diferenciado e integrado en su mundo natural. Los tres ingredientes de la humanidad son comunes a la mayoría de los vivientes, lo que hace a los humanos absolutamente superiores son los resultados que obtienen de su conjunción común. La diferencia substancial es de grado cuantitativo y cualitativo absoluta.
El hombre hereda su condición natural como los demás seres vivos. Por sus condiciones sobresalientes disfruta de una vida de mayor calidad y en general de mayor longevidad, pero el final de cada ser particular siempre es el mismo. El hombre concreto ocupa un espacio temporal en el segmento de su especie y en este espacio temporal participa mínimamente en las condiciones de su entorno universal y en la generalidad de los casos percibe sólo someramente cuál es su personalidad y cuál su papel en el mundo, limitándose a colaborar en la estructura social y económica y a ser factor transmisor de vida.
La Humanidad en abstracto y como especie concreta se ha atribuido unas finalidades que están por encima o son paralelas al mero subsistir. Se pretende avanzar en conocimiento, en calidad de vida, en progreso integral, y ello lo llevan a cabo los individuos concretos. Ahí es donde las personas pueden jugar su papel importante o pueden contribuir en la medida de las posibilidades de cada cual. En este sentido la Humanidad o la especie humana es dualista, primeramente en su sentido más físico y materialista, o más natural, y en segundo lugar por las connotaciones gnoseológicas que conllevan vidas y estructuras sociales cambiantes y diferenciadas en la globalidad de un mero devenir naturalista.


12-11-14