domingo, 6 de octubre de 2019
ACERCA DE LAS "INVESTIGACIONES FILOSÓFICAS" DE WITTGENSTEIN
ACERCA DE LAS
“INVESTIGACIONES FILOSÓFICAS”
DE WITTGENSTEIN
Releyendo a G.A.Paul en su comentario respecto a las “Investigaciones Filosóficas” de Wittgenstein y a la deriva de éste en la defensa del sentido común y sobre todo en su respeto por el lenguaje corriente en sintonía casi total con Moore. A continuación, vendrá la filosofía analítica por parte de Wittgenstein y su rastreo del significado de las palabras corrientes tanto en el empleo cotidiano como en el filosófico. Pero las palabras y su empleo circunstancial proporcionan demasiada información múltiple y esquiva, se pierde pronto su sentido original. Casi todas las palabras, fuera de pertenecer al mundo científico-matemático, o son meramente descriptivas de objetos concretos, o lo que más queremos destacar es que se convierten en sí mismo y en su uso, en metáforas polivalentes que sirven para usos indiscriminados. Al leer las “Investigaciones filosóficas” tenemos la sensación de que estamos perdidos, de que cualquiera que fuera el objetivo final nunca llegaremos a él. La función analítica de las palabras se convierte en ir recolectando pequeñísimos resultados con los cuales no podemos hilvanar unas consecuencias generalistas convincentes en ningún caso.
Y una posible solución a esta dinámica atomista analítica la podemos tener enfrente sin darnos cuenta de ella. Aprovechemos el uso corriente de las palabras, su polivalencia, su intencionalidad final, es decir vayamos a las construcciones que con estas palabras se edifican las oraciones y los discursos finales. Admitamos las palabras tal como se utilizan y fijémonos en las construcciones sintéticas finales. Lo importante está ahí, en qué es lo que dicen. No en cómo, lo dicen o cómo emplean las palabras, aunque analíticamente no estén bien empleadas. El resultado final es lo importante
Aunque este procedimiento sea más directo para perseguir el objetivo final que sería cómo las personas utilizan el lenguaje, qué es lo que dicen y qué trasluce su discurso. ¿Existe acaso un pensamiento universal, subjetivo y no expresado que sería la esencia, la síntesis, de lo que la humanidad piensa de sí misma y del mundo? Esta tarea infinita es un imposible absoluto. Tampoco hay ningún indicio de certeza de que llegara a algún puerto seguro que diera cuenta universal de nuestra situación y posición en el mundo. Quizá pudiera rastrearse algún punto de partida, algún soporte, algún indicio de universalidad no explícito, que acercaría más a la especie humana a sus orígenes evolutivos, pero en ningún caso se llegaría por ese camino a disponer de teoría racional alguna que fuera el compendio de todo el conocimiento humano y adquiriera aceptación universal.
2-10-19
miércoles, 26 de junio de 2019
DE LA
ÉTICA NICOMÁQUEA,
DE ARISTÓTELES
La cuestión que nos
anima a bucear en el pensamiento de Aristóteles es conocer cuál era su
opinión respecto a si creía él que la ética era connatural al
hombre, era adquirida, o circunstancial. ¿Era genética? El tema es muy
importante y ocupa y preocupa a muchos pensadores en la actualidad porque este
es un factor que debe dejarse suficientemente estudiado y establecido, podría
ser determinante para una humanidad que evoluciona y debe
adaptarse a un mundo indefectiblemente cambiante y quizá deba afrontar
en un futuro cercano o lejano condiciones y exigencias de vida reales
que hoy sólo podamos vislumbrar en relatos paracientíficos e
imaginarios. Ante tales eventualidades de futuro la humanidad debería conocer
cuál sería o podría ser la evolución de su sentido profundo de la ética
y sobre todo si ésta fuera moldeable a circunstancias
desconocidas, preservando ante todo el instinto de conservación como
primer y más fuerte distintivo del ser humano.
Vayamos ahora a destacar algunos rasgos de lo
que Aristóteles nos dejó escrito respecto al tema que nos ocupa sin
pretender agotar esta fuente clásica de pensamiento.
En el libro II,
capítulos 1 y 2 podemos leer que la virtud es doble, con un aspecto moral
y otro intelectual. Ninguna de las virtudes morales nace naturalmente en
nosotros. No es efecto de la Naturaleza, estamos naturalmente predispuestos
a adquirir las virtudes. Es necesario obrar según la recta razón. La
virtud tiene relación con el placer y el dolor. La virtud se posee o no se
posee. Es una disposición para obrar. La virtud se ejerce.
De estos comentarios de
Aristóteles parece deducirse que la virtud, y la moral, no nacen
necesariamente con el ser humano, es un don que puede adquirirse con la razón y
en su caso el bien obrar, es una predisposición natural, pero no
exclusiva.
En el libro VI,
capitulo 13, leemos que la opinión general dice que las virtudes
morales son, de alguna manera, innatas, pues desde nuestro
nacimiento somos movidos a ser justos, sobrios, valientes y a desarrollar otras
cualidades.
Estas cualidades no
justifican necesariamente el innatismo de las virtudes morales
porque están vinculadas a los individuos concretos y el innatismo es una
abstracción universal.
Libro X, capítulo 7
podemos leer que “si es verdad que la felicidad es la actividad que está de
acuerdo con la virtud, es evidente que la que es conforme a la virtud es la más
perfecta” Esto nos lleva a reconocer que virtud y felicidad es un estado
deseable, pero parece que este estado se logra por medio de una actividad
dirigida a este fin. En el mismo libro y capítulo, podemos leer “lo propio del
hombre es, pues, la vida del espíritu, ya que el espíritu constituye en
esencia al hombre” y más adelante en el capítulo 8 “ el hombre participa de
la condición humana y en que él comparte
su existencia con numerosas personas, le es necesario, en primer lugar, ejercitar
los actos conforme a la virtud moral, y tendrá necesidad de estos
medios para vivir según su condición de hombre” Veamos todo esto con algún detalle: el hombre
comparte su existencia, tendrá necesidad de ejercitar sus actos conforme
a la virtud moral, para alcanzar su condición de hombre y por lo tanto
colmará su vida espiritual.
Todo este planteamiento
hasta alcanzar la compenetración con la vida del espíritu se alcanza por
medio de su actuar en el mundo, no está dado, lo dado es que el hombre
participa per se de la vida del espíritu y éste es un intangible.
Del libro VI capítulo 1
entresacamos “de las virtudes del alma unas implicaban costumbres
y las otras implicaban la inteligencia” Es decir costumbres e inteligencia
nacen y son producto del principio básico del instinto de conservación, se
hace lo que conviene.
De todo ello se deduce
que según las reflexiones de Aristóteles la virtud y en consecuencia la
moral no es connatural al ser humano. De las costumbres, del hacer,
de los resultados positivos se van extrayendo unas consecuencias que se
consideran favorables para la continuidad de las relaciones humanas, es
decir favorables a cada persona. Esta disposición para obrar de una
determinada manera, que se considera positiva, permanece y se afianza
en la mente y en el subconsciente de forma que parece formar parte
de la misma persona y es una reserva potencial para un obrar que se
considera beneficioso.
Pero esta facultad de
la persona no colma la totalidad de sus potencialidades. El ser humano es muy
complejo y la expresión de su complejidad evocará por encima de todo la fortaleza
de su instinto de permanencia y de superación.
VI-2019
martes, 4 de junio de 2019
Spinoza
Que Baruch Spinoza es
uno de los ejemplos más preclaros del racionalismo
primero es cosa perfectamente asumida hoy en día.
Pongamos un solo
ejemplo del salto cualitativo que él
intuyó perfectamente, aunque quizá no se atreviera a llegar a sus últimas
consecuencias por las repercusiones que pudieran tener sus conclusiones en
ámbitos religiosos o intelectuales de su entorno social y temporal.
En su “Tratado teológico-político” y en su
Capitulo IV reza así: “Si examinamos
ahora la naturaleza de la ley divina, …. Veremos lo siguiente: 1º Que es universal o común a todos los hombres,
ya que la hemos deducido de la
naturaleza humana en general. 2º Que no exige la fe en las historias,
cualesquiera que sean; pues, como esta ley
divina natural se comprende por la
sola consideración de la naturaleza humana…”
La ley divina es la
suma felicidad y el sumo conocimiento de la divinidad, y el de hombre está naturalmente imbuido ello,
lo hemos deducido de la naturaleza
humana en general, “por lo que debe ser considerada como innata y, por así decirlo, inscrita en la mente humana”
se comprende por la sola consideración de la
naturaleza, por lo tanto, la posibilidad de la máxima felicidad, del máximo
conocimiento, está en la naturaleza
humana como hecho independiente. La dualidad, la acreción, de la divinidad
a este hecho es voluntarista, no se sigue de una lógica racional. Aquí puede
colegirse que o bien Spinoza estaba influenciado por los sentimientos de la Fe
de su época o no se atrevió a dar un salto
cualitativo fundamental en la historia del conocimiento humano. De
cualquier forma, el solo hecho de plantear estas cuestiones tan clarividentes
y polémicas le sitúan como uno de los pensadores
más rupturistas no ya sólo de su
tiempo sino de la misma historia del pensamiento moderno. Descartado el enfoque
antropológico panteísta de Spinoza, estos caminos
nos pueden llevar al origen de la moral
y de la ética, aunque el
tratamiento actual de esta temática difiera sustancialmente del recorrido y de las
conclusiones a las que llegó Spinoza.
Otro ejemplo de la
diversidad de su pensamiento lo tenemos en el Capítulo XIV al señalar que “el
único objeto de la Escritura era
enseñar la obediencia” “uno y otro
Testamento no son otra cosa que una doctrina
de obediencia”. La dualidad de su pensamiento, su racionalidad, es capaz de separar lo que la fe exige, la creencia
absoluta en la Divinidad, de las repercusiones
intrínsecas, seculares, de la doctrina ortodoxa.
V-19
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