miércoles, 19 de octubre de 2011
lunes, 10 de octubre de 2011
MORAL NATURAL
Alcanzar universalmente una concepción unitaria de la Humanidad es una meta inalcanzable absolutamente. Lo que derivaría teóricamente de una tal concepción sería una conducta acorde a esa concepción y dirigida teleológicamente a conseguir unos fines convenientes a la especie humana. Evidentemente esto no es así y la actuación humana es circunstancial individual y colectivamente. Existe, eso sí, una base igualitaria instintiva que es el sustrato sobre el cual se construye una conducta personal y diferenciada.
Siendo cierto lo anterior, también lo es que existen corrientes de pensamiento y acción tendentes a una unificación universal de un tipo de concepto de la humanidad al menos en lo que atañe a los aspectos de una moral natural. Los rasgos de esta moral natural son los emparentados y están bajo el paraguas de la caridad que en el fondo no es más que reconocerse a sí mismo en el “otro” con lo que ello presupone de instinto de conservación y autoestima.
La conciencia universal de la Humanidad reconoce este hecho básico y de ahí la promulgación de los Derechos humanos y las Declaraciones del Milenio como referentes universales que informan la conducta humana al menos en los ámbitos de su alcance para el establecimiento de una ética actuante. La falta de una Declaración de los Deberes Humanos y del establecimiento declarativo del tipo de conducta integral que se derivaría de la aceptación de un concepto universal de la humanidad y de su posición en el mundo, no puede ser óbice para que la conducta general se oriente, cuando menos, en términos de justicia y de equidad.
Alcanzar universalmente una concepción unitaria de la Humanidad es una meta inalcanzable absolutamente. Lo que derivaría teóricamente de una tal concepción sería una conducta acorde a esa concepción y dirigida teleológicamente a conseguir unos fines convenientes a la especie humana. Evidentemente esto no es así y la actuación humana es circunstancial individual y colectivamente. Existe, eso sí, una base igualitaria instintiva que es el sustrato sobre el cual se construye una conducta personal y diferenciada.
Siendo cierto lo anterior, también lo es que existen corrientes de pensamiento y acción tendentes a una unificación universal de un tipo de concepto de la humanidad al menos en lo que atañe a los aspectos de una moral natural. Los rasgos de esta moral natural son los emparentados y están bajo el paraguas de la caridad que en el fondo no es más que reconocerse a sí mismo en el “otro” con lo que ello presupone de instinto de conservación y autoestima.
La conciencia universal de la Humanidad reconoce este hecho básico y de ahí la promulgación de los Derechos humanos y las Declaraciones del Milenio como referentes universales que informan la conducta humana al menos en los ámbitos de su alcance para el establecimiento de una ética actuante. La falta de una Declaración de los Deberes Humanos y del establecimiento declarativo del tipo de conducta integral que se derivaría de la aceptación de un concepto universal de la humanidad y de su posición en el mundo, no puede ser óbice para que la conducta general se oriente, cuando menos, en términos de justicia y de equidad.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
METÁFORA DEL ESPACIO Y DEL TIEMPO
El Mundo es como unos fuegos artificiales que ocupan todo el espacio disponible y en el transcurso del tiempo se encienden y apagan luces y conjuntos cuyas formas varían constantemente. Nuestra sensibilidad del tiempo no sirve para apreciar los cambios continuos, el encadenamiento de fenómenos gigantescos que trans¬forman sin parar el paisaje universal. Emergen y se apagan luces que en la eternidad parecen durar un ins¬tante. La vida en la Tierra es sólo una chispa de una de esas luces fugaces.
viernes, 8 de julio de 2011
UNIVERSALIZACION DE LA AUTOCONCIENCIA
En una etapa intermedia de la evolución y desarrollo del conocimiento humano y de su autoconciencia, y al unísono con ellos, el hombre individual percibe, se da cuenta, de las acciones físicas de los demás hombres y de las repercusiones de estas acciones; asimismo y mediante el lenguaje se intercambian mensajes que evidencian situaciones parejas a las percibidas por el sujeto. Lo que él ve, siente, percibe, parece ser de la misma naturaleza que lo que les sucede a los demás miembros de su entorno, luego si yo soy consciente de ello también deben serlo ellos. En este contexto subyace, además, una idea práctica: el hombre ya no es una unidad estricta sino que por el contacto directo y mediante el lenguaje “aprende” o añade a su propio acervo el de sus congéneres, amplía su universo de conocimiento, se abren sus expectativas y la reflexión de su autoconciencia se torna más completa y rica en matices. De alguna manera el centro neurálgico del individuo deviene en centro interpretativo de todo el conjunto de los hombres que están influyendo o han influido en él. De todo lo cual se deduce que un solo individuo puede ser representativo de la esencia de lo que es ser hombre, pero, y además, el conjunto de todos los hombres aportan la totalidad de sus cualidades y aunque no existe una conciencia universal, cada unidad-hombre es portadora de una parte de esta conciencia y el conjunto de todas estas conciencias será lo que la humanidad piensa de sí misma.
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