La unidad, el ser humano, es la corporeización material de un universal incorpóreo, la Humanidad. El ser humano es la porción individual e indivisible de la entidad abstracta, pero real, de la que forma parte. La entidad elemental, unitaria, es el hombre. Se siente único, libre, y admite y reconoce a los otros, pero no como formando parte de una entidad abstracta inmaterial, sino como unidades semejantes y fraternales y con las mismas características generales que a él le adornan. El ser humano es una unidad de acción y pensamiento, acción y pensamiento recíprocamente potenciales y con resultados históricos, es decir con capacidad de introducir cambios en sus vidas y en la naturaleza. Esta doble capacidad de pensamiento y acción acompasada es lo que distingue al ser humano de cualquier otro ser vivo que se conozca, al menos con la profundidad e intensidad de su conocimiento y su demostrada capacidad de acción. El ser humano es lo que es por el conocimiento, sin él estaría en la animalidad más absoluta. Pero el conocimiento por sí mismo no es suficiente, no se basta. El conocimiento necesita plasmarse, ubicarse, en algo concreto. El cuerpo humano es polivalente y está capacitado para transformar el entorno natural de forma inteligente, inteligencia que está al servicio del conocimiento general. El ser humano aplica un conocimiento instrumental, progresivo en su evolución. Este no es un conocimiento especulativo, es un conocimiento con repercusiones reales. Si esto sólo fuera así, si ésta fuera la única guía humana en lo material, el progreso y la evolución material del mundo del hombre podrían desembocar en un mundo no del todo satisfactorio, ni justo ni que tal vez no condujera a la íntima felicidad como aspiración máxima de los entes humanos. El proceso material debe estar guiado, y como mínimo influenciado, por otro tipo de conocimiento más apegado a la ética, a los sentimientos, a la razón sentiente y al concepto que de la humanidad y del hombre pueda sostenerse con mayor fidelidad a lo que sea su esencia verdadera. Este es un gran reto para el ser humano y para la humanidad, aunar como objetivo común el progreso del conocimiento material a la par que se persiga el deseo de bienestar en su máxima acepción y como finalidad última de la subjetividad humana. 2-4-14
miércoles, 2 de abril de 2014
lunes, 24 de febrero de 2014
RETRATOS BREVES DEL HOMBRE ACTUAL
En general al hombre actual no le interesa el conocimiento universal ni los grandes principios. ¿Por qué habría de interesarle? Le interesa “su” conocimiento, un conocimiento práctico que le ayude en su vida diaria, le interesa su felicidad, su vida buena La información en un mundo globalizado le llega sesgadamente a través de los medios de comunicación masivos, medios audiovisuales, escritos, cinematográficos, etc. no existe en esos medios ningún orden ni en general interés didáctico alguno y todavía peor la extracción individual de sus contenidos es además de azaroso terriblemente desinformante y que en realidad busca sólo su propio interés especulativo, económico e influencial. Esta es una realidad con la que hay que contar. Esto es lo que en principio hay en una parte importante de la sociedad. 24-2-14
sábado, 15 de febrero de 2014
EL SER HUMANO Y SU CIRCUNSTANCIA
Se aprovecha cualquier ocasión para ir perfilando, dando a conocer, cuál es la idea que se tiene del hombre y avanzar en una episteme de la humanidad inmersa en la complejidad de una Naturaleza y un Universo inaccesibles en su completitud. Se propone un breve análisis de la célebre y conocida aserción de Ortega y Gasset y que figura en su obra de 1914 “Meditaciones del Quijote”. La frase es “Yo soy yo y mi circunstancia,” y aunque continúa con “y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Esta es la reseña completa pero ahora sólo nos interesará la primera parte que es la referenciada por multitud de autores y en escritos diversos. El interés puede ser doble, primeramente por la misma cuestión en sí misma, es decir tomando textualmente el contenido de la declaración de Ortega y Gasset, y en segundo lugar porque proporciona la oportunidad de ir avanzando en una concepción integral del hombre. Deberemos empezar por algunas obviedades para adentrarnos paulatinamente en el problema. Una visión panorámica del ser humano nos muestra que en su individualidad es un ser finito, acabado, un ser que al nacer ya está predestinado a morir. En líneas generales puede decirse que está compuesto por varias capas, biológicas, físicas, mentales y sentimentales. El ser humano forma parte del tronco común de la especie humana. En su diferenciación y concepción más profunda puede decirse que es un ser con vida muy evolucionada y en constante cambio. La idiosincrasia de la especie humana dota a cada ser de algún hecho biológico, físico e intelectual diferenciado y diferenciador en su conducta, de forma que, aunque en su esencia absoluta cada ser forma parte del mismo tronco común, algunos de sus rasgos y componentes siempre diferencian a cada ente y por lo tanto nunca dos seres son absolutamente iguales en el plano epifenomenal. Así, los sentimientos y las potencias intelectuales participan de esta desigualdad inicial, antes incluso de su eclosión consciente. Justo en el primer momento de la socialización del nuevo ser su carga diferenciada conlleva respuestas acordes a su carácter. La primera socialización es inmediatamente anterior a la asunción de la cultura, entendida ésta en su acepción más amplia, cultural, costumbrista, etc. la personalidad derivada de su genética y la afectación de la socialización-culturización, se unifican en una personalidad acorde a su pensamiento, a sus sentimientos y a actos. La autoconsciencia se genera en esta personalidad formada por una estructura biológica con ciertas singularidades y una carga socio-cultural formando un componente o una unidad sumamente compleja. Las condiciones y circunstancias geográficas, étnicas, económicas, religiosas y culturales incidirán de forma directa en la persona y le limitarán prácticamente su expresión externa y su conducta, adecuándolas a las condiciones existentes. Estos condicionantes externos serán prácticamente inexorables y limitarán de forma casi exclusiva la verdadera personalidad del individuo, haciendo de su conducta una imitación especular, uniforme de las condiciones existentes. Quizá ahora se pueda analizar con mayor disposición la cita que ha dado lugar a todo este preámbulo, pero que en último término ha servido para desarrollar esta pequeña disertación ensayística. Bien, veámoslo de nuevo: “Yo soy yo y mi circunstancia”. En primer lugar llama la atención la duplicidad del “yo”. Los dos “yos” no están al mismo nivel. El primer “yo” es anterior y asociado a “soy”, “Yo soy” es una repetición, es decir lo mismo y está justo en el primer estadio de la autoconsciencia, pero consciencia de su mismidad. Es una situación o un grado de entidad superior capaz de darse cuenta de su estar en el mundo, incluso como observador de sí mismo. Y efectivamente se autodefine a sí mismo como un yo auto-comprensivo de su situación a la vez que se coloca en su circunstancia exterior, es decir, él mismo se sitúa en el mundo. Pero aquí se esconde una gran paradoja. Es cierto que su circunstancia exterior, el mundo donde él se inserta, las condiciones sociales, económicas, culturales, geográficas, históricas, que rodearán su mundo, modelando su personalidad, su carácter, su completa vida cultural, afectiva, social, harán de él un tipo de personalidad adaptada a todas o algunas de esas circunstancias, pero el primer “yo soy” permanecerá incólume, vive soterradamente, en realidad no es este “yo” el que se identifica totalmente con su circunstancia. No importa que las más de las veces permanezca de por vida en un oscuro plano latente, pero está siempre ahí y puede manifestarse en cualquier momento y en condiciones adecuadas. La fuerza irresistible de las circunstancias que rodean cualquier individualidad son determinantes absolutas de lo que cada persona será y hará en el transcurso de su vida, pero lo que cada ser humano es en su integridad radical no se agota con una simple definición, que expresa, sí, una realidad externa, pero no la totalidad de la condición humana. 12-2-2014
lunes, 27 de enero de 2014
CURIOSIDAD EXISTENCIAL
Todo ser humano, en cualquier tiempo y lugar, puede tener la necesidad o incluso la curiosidad existencial de pensar en su propia persona, preguntarse por su situación, quién es, qué hace, qué se espera de él. Estas preguntas pueden surgir espontáneamente y no hacen falta grandes ideologías ni cuerpos doctrinarios en donde bucear para alcanzar alguna idea clara que responda a esas preguntas. El hombre puede fijarse en los demás, en cómo son sus prójimos, qué cosas los diferencian y sobre todo cuáles son las cosas que les son comunes. Se puede indagar en la historia y ver el recorrido de los hombres a través de los tiempos, pero es más fácil y sencillo averiguar cómo son los hombres actuales en diferentes situaciones, en diferentes culturas, con diferentes religiones. Con un poco de esfuerzo se puede llegar a una comprensión bastante cabal de cómo son todos los hombres y lo poco que los separan las cosas más importantes y trascendentes. Si el hombre mira en su interior e intenta captar el interior de sus prójimos se dará cuenta que en lo substancial son muy parecidos y lo que los separa son capas superficiales, capas adheridas a su persona de creencias, costumbres y situaciones fruto de su circunstancia, que definen una personalidad, pero que por debajo hay algo más sustancial y que en definitiva es darse cuenta de la pertenencia a una misma especie, a la especie humana. Esto es sólo una reflexión, algo accesible a la comprensión de todo hombre. Y que seguramente no modificará ninguna conducta futura pero al menos proporciona conocimiento de sí mismo y comprensión para con los demás y sus circunstancias. Estas consideraciones pueden surgir con independencia del status de la persona, de su cultura y de su situación económica y social, es una reflexión del individuo de carácter existencial y que surge o puede surgir de una consciencia emergente.
miércoles, 15 de enero de 2014
www.felixgil.net
JUSTICIA E INJUSTICIA
Lo que se pretende aquí es la comprensión de una realidad social que no por ser más o menos justa o injusta es menos real. La comprensión, el conocimiento, ha de partir siempre de la realidad.
La diversidad y complejidad de cualquier sociedad en tiempos pasados o presentes comporta una disparidad profunda en las tareas a desarrollar por los miembros de estas sociedades. Dado el grado de desarrollo socio-económico, cultural y de posibilidades materiales de cada sociedad, éstas presentarán una amplia gama de oportunidades de desarrollo personal y por ende de distinguirse social y económicamente unos de otros. Las estructuras sociales que se van creando y heredando no siempre permiten una fácil permeabilidad, una movilidad social entre distintos tramos de su organización, lo que deriva en un cuadro de desigualdades y de estratos sociales bien diferenciados social y económicamente considerados. Y todo ello se ha dado y se da en cualquier lugar y en cualquier momento de la historia y nuestro tiempo actual no es ninguna excepción. Otra cosa es la consideración general que merezca esta situación y la forma de encauzarla, buscando siempre de salvaguardar la dignidad y la integridad de todas las personas dentro del marco general y especial al que se pertenece. Los valores humanos esenciales están por encima de cualquier estructura material y a ellos se debe el conjunto de la Humanidad.
viernes, 27 de diciembre de 2013
VISION OBJETIVA DE LA HUMANIDAD La Humanidad es un hecho de la naturaleza, es una entidad abstracta pero materializada y reproducida en toda su complejidad por cada entidad individual. La Humanidad, ente abstracto por antonomasia, no existe como unidad física. Los entes humanos son (la) humanidad. Los entes humanos son duales. Una parte de ellos es humanidad materializada, la composición genética, el genoma, del que cada ser es portador es la parte que pertenece a ambas estructuras, la individual y la colectiva en cuanto puede ser transferida a un nuevo ser. El individuo es un ser complejo, de vida efímera, con capacidades cognitivas y sensoriales que hacen de cada uno de ellos un ser diferenciado. Pero la parte sustantiva de su ser debe ser preservada, es decir el individuo debe cuidar del mantenimiento de sí mismo y de la transmisión de la herencia biológica, ambas funciones son los componentes fundamentales que interesan tanto al individuo como a la misma especie, es la salvaguardia de la especie humana, de la Humanidad. El principio del placer es el encargado de objetivar en conducta visible las funciones soterradas de la entidad humana en su doble vertiente como unidad totalizadora y como entidad individual. Ninguna entidad viva de nuestra naturaleza tiene asegurada una continuidad indefinida y además está sujeta a cambios endógenos evolutivos y exógenos de su entorno natural. Esta misma regla rige para la Humanidad y por lo tanto para sus componentes individuales, pero así como la Humanidad como entidad totalizadora dispone de un margen teóricamente indestructible e indefinido en el tiempo, los seres individuales no gozan en absoluto de esas prerrogativas. Su función es ser correa transmisora de las condiciones biológicas que definen a la Humanidad y para ello dispone de un corto período de tiempo de fertilidad, es decir, el tiempo necesario para engendrar nuevos seres portadores a su vez de las mismas condiciones biológicas de sus progenitores. En el caso de la Humanidad, el período de fertilidad se complementa con los individuos que habiendo ya sobrepasado este período son necesarios para el cuidado del conjunto familiar y para el traspaso de conocimiento a las generaciones más jóvenes. El anterior esquema pretende ser descriptivamente objetivo, es decir estamos en el terreno del qué y deja fuera todas las consideraciones que circulan por las clásicas preguntas del por qué y del para qué y que por ello se adentran en terrenos más especulativos y normalmente forman parte de lo que se considera cultura en su sentido más tradicional y universal. 27-12-2013
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